En los días que llevamos en Japón hemos dado bastantes vueltas por los supermercados del barrio, lo que nos lleva a opinar acerca del tan hablado tema de los precios de las cosas.
En general, podríamos decir que mientras que la fruta es carísima, el pescado y las verduras no lo son tanto. Pues bien, no es todo lo bonito que podría sonar. Nada más entrar al super, notas como se te viene el mundo encima. Millones de productos con cajas brillantes y extrañas aparecen ante ti, obligándote a leer absolutamente cualquier cosa en katakana/kanji y con tipos de letra no muy normales que digamos. Tú vas con más hambre que el perro de un ciego decidido a comprar cosas ricas y te das en toda la frente, porque es imposible encontrar nada de lo que buscas. Ni lechuga, ni pan, ni colacao, ni nada que normalmente ves en el Eroski de la esquina de tu casa.
Lo bueno es que todo esto es pasajero. Poco a poco te das cuenta de que está todo bastante bien organizado. En un lado te ponen frutas y verduras, en otro carnes y pescados. Los pasillos se dividen en bebidas, comida instantánea, bentos preparados, productos de limpieza… El problema es que en la sección verdulera no ves pimientos ni patatas, si no que ves nabos, tofu y otras cosas que vaya usté a saber. Al final todo concuerda con los hábitos alimenticios de la gente de aquí, por lo que está bastante dentro de lo normal.
Para un gaijin (extranjero) que intente comer lo de siempre aquí, y más viniendo de una dieta mediterránea basada en el aceite de oliva y el jamón del pueblo, la cosa se pone bastante difícil. Para empezar, medio litro de aceite de oliva virgen extra nos cuesta cerca de 700 yenes, lo que vienen siendo unos 4 €. Del jamón ni hablamos, porque directamente no se vende en sitios normales.
Por poner un ejemplo, hoy hemos comprado spaghetti, y aunque la pasta en sí no es cara (200 yenes) y la salsa de tomate para pastas (100 yenes, ya que no hay tomate frito enlatado, todo el que hay es triturado pero con unos trozos tamaño whopper), te vas a buscar sal, y ves que el paquetito de 100g cuesta 600 yenes. Debía ser la sal de la juventud, porque menudo hachazo. Al final hemos comprado un botecito sal de mesa por 70 yenes.
El tema de la fruta y verdura tiene sus cosillas también. Aunque un mango cuesta 2500 yenes (sí, has leído bien, UNO) o un melocotón 650, un pack de 4 o 5 bananas (el plátano de canarias no ha llegado a Japón xD) lo puedes conseguir por menos de 200 yenes. Las manzanas también se venden por unidades, y los tomates lo mismo.
La carne es especialmente cara, y no hay muchísima variedad. Un bistec de ternera por 600 yenes, o 3 chuletas 1500, no es algo que se pueda permitir mucha gente. También te venden 5 alitas de pollo por 200 yenes, mientras que una pechuga cuesta ya sus 400.
El pescado tiene que hay cien tipos diferentes, desde salmón hasta pulpo, y los precios varían según las ofertas.
Y las cosas comunes allí, como el pan, tampoco son fáciles de encontrar en un supermercado. Como mucho hemos podido comprar pan de molde (10 rebanadas) y ya te cuesta sus 300 yenes. El zumo y la leche también salen más caros que allí aunque los compres en bricks grandes, y cosas como el colacao no existen.
Vamos, que en general está todo más caro que allí. Por otro lado se puede comer tranquilamente por 500 yenes en cualquier restaurante de arroz con curry, soba, udon y similares, por lo que al final una cosa la compensas con la otra. Esto es, claro, siempre que quieras cambiar tu dieta de pescaíto frito y gazpacho por la del arroz y el miso.


